lunes 27.01.2020

Solo le falta un muerto

uizá la lejanía de los políticos, en particular de los gobernantes, les impide escuchar la realidad de la calle. Da la impresión de que las instituciones están blindadas y no escuchan al pueblo. Viven por encima de la realidad y creen en lo que dicen los papeles que ellos mismos escriben y que nadie entiende. La política ha fracasado en Cataluña, los políticos han sido incapaces de encontrar soluciones a un viejo problema que ahora muestra su fuerza como resultado de muchos años sembrando mentiras para nutrir de falsedades a unas generaciones formadas en el odio y la falacia. 
Con estos ingredientes las instituciones catalanas están trufadas de separatistas convencidos, educados y moldeados para dar cuerpo a esta situación ajena al derecho, a la democracia y al orden constitucional. Si hace unos meses el Parlamento catalán se saltó la Constitución y proclamó la independencia, el jueves dio un paso más en la irracionalidad y mostró su amparo a un presunto grupo terrorista que, según el juez, estaba preparado para hacer estallar bombas el 1 de octubre. 
Al mismo tiempo aprobó una declaración para echar a la Guardia Civil de “su” territorio. En Cataluña, los gobernantes andan con una lata de gasolina en una mano y unas cerillas en la otra y muestran su “preocupación” por que pueda haber un incendio. El problema es que cuando los gobernantes coquetean con el fuego ya hay meritorios en la calle que preparan hogueras. Tras el fracaso de los políticos solo falta un muerto para que se prendan las mechas. Dará igual si el muerto iba envuelto en una estelada o en la bandera de España, el resultado será catastrófico. Salvo en la dictadura, el independentismo catalán siempre supuso un problema para España. 
Parece que solo la mano dura de un sistema militar pudo contener las ansias irracionales de unos asilvestrados que entienden de democracia si se la pueden saltar a su antojo. Pero el problema no es catalán, afecta a toda España y a Europa también y por eso urge una respuesta contundente y compartida por las instituciones supranacionales para poner pie en pared ante el desafío de una minoría que pretende acabar con la democracia. Lamentablemente el muerto que falta, que llegará, marcará un nuevo estadio del problema, pero ya no habrá marcha atrás y los españoles habremos de afrontar una situación indeseada que no admite más paños calientes. 
En España tenemos todo tipo de problemas y, cuando no los tenemos nos los inventan. La economía amenaza con un castigo para el pueblo, la inestabilidad política alienta a los carroñeros, la juventud no sabe si tiene futuro, el planeta nos avisa de que no lo tratamos bien, nuestros mayores temen por sus pensiones y chinos y americanos miden sus fuerzas a ver si se cargan el equilibrio comercial global mientras el Reino Unido mira más a EEUU que a sus hermanos europeos. Y mientras esta auditoría incompleta nos asfixia y los Pujol disfrutan de su sucia fortuna, los españolitos vivimos pendientes de si Errejón o Iglesias, de Franco y del Falcon presidencial y todo ello a costa de cuatro elecciones generales en cuatro años y sin gobierno. Si las bombas no explotan habrá muertos igual, quizá de pena.

Solo le falta un muerto
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