martes 19.11.2019

En misa y repicando

La investidura de Sánchez parece complicada. Antes de la votación en la que el candidato necesita más síes que noes, todo está abierto. No sabemos si habrá gobierno o elecciones. Sí sabemos son las políticas equivocadas que ese hipotético gobierno de izquierdas, con todos los “istas” posibles, sería una tragedia. Y no me refiero solo a la economía, pero sí especialmente. No quiero decir que me hayan sorprendido los anuncios realizados por Sánchez en el discurso de investidura. Pero sí, la complacencia con la que abordó la situación actual y las medidas para acompasarla.

La batería de gasto público, de subsidios, de nuevos organismos o de impuestos, algunos contra una de sus prioridades como la tasa tecnológica. No se puede decir que España va a liderar la revolución y luego clavar un impuestazo. No se puede hablar de nuevas tecnologías por un lado y por otro hacer lo posible para acabar con ellas o invitarlas a que se vayan a otro país. Para qué hablar de volver a subir el SMI, con las consecuencias que ya se están viendo de la anterior subida o la intervención del mercado de la vivienda, que solo ha cosechado fracasos donde se ha llevado a la práctica, y como le están advirtiendo todos los expertos.

Si entramos en el capítulo de la pobreza o la exclusión, te das cuenta de la demagogia y del chorro de dinero público prometido y que sale de los bolsillos de los ciudadanos. La idea no es sacar a esas personas de situaciones complicadas facilitando la creación de empleo y su formación. La idea es subsidiarles para que se conviertan en votantes, si no súbditos agradecidos, aunque nunca salgan de esa situación.

La economía está viviendo de la inercia que en los últimos años ha proporcionado básicamente el sector exportador. El crecimiento es un tercio menor que hace un año, el paro en junio cerró el peor registro en ese mes en diez años y los cotizantes, el peor en cinco años. Hay numerosos indicadores bajando o en negativo. España necesita reformas de calado. Y Sánchez, ya no digamos, Iglesias, están en todo lo contrario.

En misa y repicando
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