viernes 22/1/21

Buero y Valle-Inclán, olvidados a porfía

Buero Vallejo, conciencia viva de nuestro tiempo, ha vuelto a l Café Gijón.

Buero Vallejo, conciencia viva de nuestro tiempo, ha vuelto a l Café Gijón. Un dramaturgo que iba para pintor y se quedó en el retrato de Miguel Hernández compartiendo “afusilamiento” en las estribaciones de la guerra incivil cuando España cantaba “Montañas nevadas”. Entonces aparece Buero para enriquecer nuestra escena. Real, tradicional, innovador. Inquiriendo siempre preguntas que rebasan la realidad concreta que vivimos. Por eso sale de nuestras fronteras y se hace figura universal. Teatro del bueno, no clásico por haber sido escrito muchos años antes, sino porque las soluciones que aporta son válidas para todos los tiempos. Escribo lo mejor que puedo, pero intento que mi teatro sea válido y vivo. Voy a divagar cuando sobre las tablas españolas existe una poderosa censura política y social. Por eso no puede considerarse la censura como un fenómeno meramente castrador... permite otros juegos y flecos. De ahí arrancan los “afectos de inmersión” señalados por un crítico.
La participación física invita a que el espectador suba al escenario y comprenda lo que se desarrolla allí. Frente a Goethe –todo lo trágico decansa en una antítesis irreconciliable– yo sostengo que la tragedia clásica es la renovación de la vida. Una puerta a la esperanza. Es Beethoven en la alegría de su novena sinfonía. Así el concierto de San Ovidio alteró diez músicos por seis y el Hospicio lo sustituyó por monjas. El caso de Höiderlin, que pasó en esta ciudad de Tübingen los últimos 36 años de locura nos abre camino a todos. Pero quienes conocen mi teatro saben hasta que punto han aparecido tipos míos con facultades alteradas.
Y dedica especial hincapié al esperpento de Valle-Inclán reconociéndolo como gran fabulista. Por lo pronto fecunda el más grande dramaturgo que le sucede: Lorca. Y el autor gallego se nos vela hoy como esa verdad, entre otras, de hombre marioneta sometido a sus reflejos condicionales. Sus olvidos vigentes son perpetrados. No se indagan las obras. Hay una hostilidad tenaz por enterrarlos.

Buero y Valle-Inclán, olvidados a porfía
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