jueves 22/10/20

¡Vagones al agua!

No sabría decir si es el calor estival, el ambiente vacacional o el relajo laboral, pero en julio y agosto siempre ocurren cosas extrañas. Una de los sucedidos más insólitos de lo que va de verano fue la “caída intencionada” al río Sil de dos vagones de un tren de mercancías que descarriló cerca de Sobradelo en Carballeda de Valdeorras, allí donde “el Sil que hemos visto inquieto, profundo y saltante es remansado y quieto”, escribió  Castroviejo. 

La crónica del suceso decía que los 25 vagones iban vacíos, quedaron en las vías y todos fueron encarrilados, salvo cuatro que no fue posible volver a situar y se decidió apartarlos para arreglar los raíles y poder encarrilarlos de nuevo. Pero la dificultad era tal que “desde el ADIF se entendió como una solución más fácil tirar dos al río Sil” que fueron empujados por una pala excavadora. Uno llegó hasta el cauce arrasando los árboles de la ribera y quedó medio sumergido, mientras que el otro “se detuvo” en medio de la ladera. 

Consumado el hecho, todos “pusieron el grito en el cielo” de Peña Trevinca, la cumbre de Carballeda. La Xunta en su papel, pidiendo explicaciones y sancionando; la ministra de Transición Ecológica escandalizada; la Confederación Hidrográfica -su presidente- calificando los hechos de “incidente desafortunado”, aunque al final impuso una multa… Y el Adif que, ante tamaña irresponsabilidad, actuó con una rapidez y diligencia inusitadas para retirar los vagones y reparar los daños medioambientales. 

También llegaron las reacciones de los partidos políticos gallegos. Muy comedidas, tan solo exigían retirar los vagones y reparar los daños causados. Hay quien dice que si esos vagones llegaran al río por “un despiste” o decisión de la Xunta o de un gobierno de Madrid de signo distinto, reaparecería el movimiento “nunca mais” con banderas, caceroladas y declaraciones solemnes exigiendo responsabilidades y dimisiones.

Con razón, porque semejante chapuza no cabe en mente humana y menos aún que haya ocurrido con un gobierno que declaró la guerra al carbón y al diésel, que abandera la transición ecológica y proclama su compromiso con la naturaleza y el medio ambiente. ¿Quién dio la orden o el visto bueno al “despeñamiento” de los vagones al Sil, seguramente pensando que los gallegos ¡pobriños! ni se enteran?. Sin caer en el victimismo, ¿actuarían igual en “otras comunidades”? 

Lo mejor es que el cauce del Sil ya está limpio. La presidenta del Adif comprende la indignación por lo sucedido, promete investigar y abrir expediente a los responsables. Pero nunca los conoceremos. Suele ocurrir que los desaguisados los acaba pagando un cargo intermedio o un “currito” que estaba allí el día de autos. 

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