sábado 30.05.2020

De todas las Españas

os han hablado y mucho de la España vacía o mejor “vaciada”; de la España rica y de la que se quiere ir y de la cabreada. Está la España rica y la empobrecida. La rural y la cosmopolita. Y ahora nos colocan delante de otras que se califican según los impuestos que cobran y los que perdona. Son como paraísos fiscales. 
El mal ejemplo lo inició el PP allí donde manda, eliminando los impuestos de patrimonio y sucesiones para atraer a empresas y particulares. Es una competencia desleal. No se trata solo de un caos tributario que puede conseguir clientes –y por tanto votos– pero para ¡otra vez! dividir a territorios y ciudadanos.
Este gobierno traba en una armonización que tiene que ser pactada por los principales partidos que tienen asiento en el Parlamento y que ya en su día pidió la Comisión de Expertos de Financiación Autonómica cuando mandaba el gobierno de Rajoy y que sus sucesores –Madrid es el ejemplo más claro– y ahora repudian.
Lo más curioso de este asunto es que las economías que aplican recortes o eliminan algunos impuestos, se dirigen inmediatamente al Ejecutivo central pidiendo dinero para cumplir con las obligaciones con sus ciudadanos en materias tan sensibles como la salud. Y es que el sistema actual enfrenta a las autonomías y, otra vez, divide a los españoles según donde viva.
Y si se trata de hablar, opinar, discutir también, no estará de más, como recomienda Cebrián, leer un libro que escribió Peces Barba el pasado siglo explicando “que el consenso constitucional entorno al sistema de las autonomías se asentaba sobre la idea de España como nación de naciones. Añadía que los Estados puede no estar apoyados en una comunidad nacional, sino en varias o en ningunas”.
 Quiere esto decir que ya desde hace mucho tiempo se debate sobre Estado, Nación, Nacionalidad bajo distintos puntos de vista. Y como se ha dicho muchas veces la solución tiene que estar dentro de la Ley y amparada por la Constitución hoy vigente.
Sería bueno que la política cortoplacista de muchos y el interés –sobre todo en época electoral– de conseguir votos convierta este tema en un arma arrojadiza. Si somos fieles a la realidad y repasamos nuestra historia reciente, todos los partidos –y ahí están las hemerotecas– llegaron al poder con el apoyo de vascos y catalanes.

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