miércoles 17.07.2019

Contra viento y marea

El Deportivo ya tiene presidente en la persona del exfabrilista Paco Zas gracias al apoyo de un Tino Fernández, que al final, cumplió su palabra y abandonó el club. Digo esto porque había algunos accionistas que sopesaban una posible jugarreta del presi para, en el último momento, dar marcha atrás y seguir en la lucha. Estamos, pues, ante un ya inminente cambio de estrategia deportiva. Sus cinco años en la poltrona, con sus luces y sombras, han sido intensos. Tino ya no era el mismo que cuando se hizo cargo del club, aunque, sus gestos y decisiones, me pueden llevar a pensar que estoy equivocado. Es probable que su audacia fuese debida a no sentirse en paz consigo mismo o que algo intrigante pueda existir en un club que tantas subidas y bajadas ha exhibido bajo su mandato. 

La pelea por hacerse con el sillón presidencial fue curiosa, sobre todo si tenemos en cuenta la angustiosa situación del equipo en la faceta deportiva y como dirían los pijos, los problemas de “cash” que todavía faltan por resolver. De ahí que tanto Paco Zas, como Jesús Martínez Loira, Manuel López Cascallar y Fernando Vidal seguro que vieron opciones de recuperar para el club el prestigio de otras décadas en las que Lendoiro fue el que se ha jugado el pellejo en la mejor época de su historia. Como ya dije en otras ocasiones, y sin acritud, es el que se ha bebido y comido la mejor cosecha del deportivismo.

Como curiosidad, un accionista del Dépor, con 10 títulos en su bolsillo, me aseguraba antes de las elecciones, que no descartaba  una “fusión” entre Tino y el propio Lendoiro. En este mundo tan surrealista y extraño que es el fútbol, le dije que Augusto ya no estaba para este tipo de aquelarres y al final ha preferido que sean otros quienes tiren del carro. A Lendoiro, en la actualidad, lo que mejor le presta es una buena sesión de mesa y mantel y la deliciosa degustación de un rioja de exquisita añada. El resto, el fútbol y las responsabilidades para coger el toro por los cuernos, prefiere ya que sean otros quienes obren los milagros.

Contra viento y marea
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