Juegos de guerra contra la violencia en Río de Janeiro

El creador del juego posa con uno de sus mapas | Marcelo Sayão (efe)
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Se llama “War in Río “ (Guerra en Río) y fue el primero de una serie de juegos creados por el diseñador y profesor brasileño Fabio López para sacudir conciencias sobre el problema de la violencia que azota la ciudad de Río de Janeiro y que se cobra miles de vidas cada año.

“War in Río”, explica López en una entrevista con Efe, nació como una emulación del popular juego “War” o “Risk”, pero adaptado a la realidad carioca. Los continentes fueron sustituidos por favelas, y los ejércitos del formato original son, en esta versión, comandos criminales, policía militar, milicias y el temido Bope (Batallón de Fuerzas Especiales).

El juego nació hace una década, en un contexto de aumento de la violencia en la ciudad, pero “lamentablemente no ha perdido vigencia”, apunta López. La controversia que levantó “War en Río” animó al diseñador a seguir con su estrategia para provocar una reflexión sobre la violencia y la impunidad, y en 2010 ideó “Bando Imobiliario”, una versión del tradicional “Monopoly” adaptada a la mecánica de las milicias, como se conoce a las organizaciones paramilitares que actúan en las favelas. En la versión carioca del “Monopoly”, la turística zona sur de Río es la más cara, los jugadores deben pagar sobornos, hay financiación ilegal destinada a las campañas electorales y los perdedores pueden terminar en “Bangú”, una de las más conocidas cárceles del área metropolitana de la ciudad.

López llegó a crear su propia batalla naval, bajo el título de “Batalha na vala”, un juego de palabras que se podría traducir como batalla entre fosas. En esta particular guerra naval, el mar se sustituye por favelas y el fuego alcanza a policías, criminales e incluso víctimas civiles, como ocurre cada día en las comunidades que rodean Río.

Fabio López, que participó también en el equipo que creó el logotipo de los Juegos Olímpicos de Río 2016, admite que la situación que vive la ciudad ahora “provoca tristeza, pero casi no es una sorpresa. Es uno de lo peores escenarios que se barajaban después de la celebración de las Olimpiadas”. l

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