Cierran los bares y se vacían las calles por Chano

Chano con su busto y Platis, el escultor.

Se llamaba Luciano José Venancio Buhigas Pérez, pero nadie podría suponerle a Chano un DNI tan sonoro. Pese a que su sombrero denotaba una elegancia heredada de antepasados de renombre: Emprendedores, inventores y hasta alcaldes, como su tatarabuelo, Salvador Buhigas Prat, que llegó a ser regidor de Carril.


Procedentes de Cataluña y llegados a Vilagarcía, con primera escala en Vilaxoán, llamados por el olor del salazón, los Buhigas pronto dejaron huella en el pueblo. Y de eso, siempre supo mucho Chano.


Porque por mucha AVE que nos vuele, Vilagarcía mantiene en su ADN el “e ti de quen ves sendo”. Por eso, la marcha de Chano nos deja a todos un poco huérfanos. Porque Chano era ese novio que se fijaba siempre en tu corte de pelo; la abuela que te daba siempre el pronóstico del tiempo. “Hoy va a llover”, anunciaba escueto cuando no tenía muchas ganas de cháchara. Y se iba apurado, en busca de la mejor tapa. Chano siempre tenía una definición, un parecido “razonable”, un comentario jocoso que sorprendía a más de uno, sobre todo a los que no lo conocían, que eran pocos. Y siempre tenía un nombre nuevo para su interlocutor.


Chano se despide un Martes de Carnaval triste, en el que ni hay desfile, ni comparsas ni casi ganas. Chano, que era el rey de la fiesta. Hoy se anuncia su marcha mientras muchos se preguntan si acaso no lo vieron todavía el otro día, en estos extraños tiempos en los que un año parece un mundo o tan solo ayer. Pero Chano llevaba unos meses alejado de esa Vilagarcía que tanto recorrió, de esos bares en los que ya era toda una institución. Lloran las redes en recuerdo de Chano y hasta parece que lloran sus ojos risueños en el busto que le hizo Platis.


Es hora de reciclar la ternura que dejó sin pretenderlo. Es la hora de la despedida. “Que la ciudad se llene de largas noches y calles frías”.


Ya no habrá más toques de queda para Chano.

Cierran los bares y se vacían las calles por Chano

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