El mandil de los hombres

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Según un estudio realizado por el SERGAS (Servizo Galego de Saúde), y citado por un diario regional, sobre la implicación del hombre en las tareas domésticas, se viene a decir que entre el año 2007 y el 2015, el porcentaje de hombres que realiza dichas tareas creció un 28%, aunque las mujeres dedican al hogar el doble de horas, de suerte que en el 2007 era un 50,5% y en el 2015 fue un 64,3%, el porcentaje de hombres que colaboran en las faenas del hogar o domésticas. Aunque la publicación periodística contiene tal profusión de datos y cifras que sería excesivo recoger aquí, resulta muy significativo el incremento experimentado por la participación masculina, sobre todo teniendo en cuenta que hasta hace veinticinco o treinta años era impensable que el hombre echara mano de una escoba o llevara la basura al contenedor y, mucho menos, lavara unos platos. Y esto era así por costumbre inveterada desde la noche de los tiempos y la misma mujer no veía con buenos ojos que el marido anduviera entre pucheros porque eso era “cosa de mujeres”, pero no porque el varón quisiera “escaquearse”, ya que no estaba considerada una obligación, si no por la antedicha costumbre. En la actualidad uno ve que sus hijos realizan tareas domésticas con la más absoluta normalidad, lo que permite suponer que en un futuro próximo la tan ansiada participación o implicación del varón en el trabajo del hogar será una realidad. Por si de algo sirve, cabe decir que el que suscribe ya colabora con la realización de algunas tareas especialmente desde su jubilación.
Y siendo esto así, hay que hacer una valoración positiva de la situación por cuanto la tendencia es a que se incrementará aún más la implicación masculina en las tareas domésticas y solo se requiere darle tiempo al tiempo, de forma que aquellos tiempos de la llegada del varón a casa, ponerse las pantuflas y sentarse a esperar la cena leyendo el periódico, quedarán para el archivo de las películas y algunos anuncios de la tele.
Espero y deseo que la mujer acoja con cierta satisfacción esta nueva realidad familiar y social, aunque siempre habrá quien ponga el acento en la enorme diferencia que todavía existe, pero con una buena dosis de comprensión y una sonrisa habremos conseguido entre todos que la conciliación en el hogar sea algo normal en unos pocos años.

El mandil de los hombres