MAL EMPIEZA LA NUEVA UGT

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Tras la celebración del 42º Congreso del Sindicato “Unión General de Trabajadores”, durante el pasado fin de semana, lo que pensamos que sería una renovación o cambio en las formas de la mano de un nuevo Secretario General, vemos que se queda en más de lo mismo, si no es peor. Resulta que el nuevo dirigente llegado a Cataluña desde Asturias, como tantos miles de obreros procedentes de Andalucía, Extremadura o Galicia, se hace nombrar Josep en lugar de José María, se declara favorable al “derecho a decidir”, o sea, al separatismo catalán y hace una absurda e innecesaria referencia a la catalanofobia para que sepa el Sr. Puigdemont con quien puede contar. El cambio de nombre entra dentro de lo permitido en el Registro Civil, si bien denota un abandono de los orígenes, pero allá el. El mostrarse partidario del separatismo no deja de ser algo personal, o sea, que nada tiene que ver con la condición de sindicalista, y la alusión a la catalanofobia es cuando menos una solemne estupidez porque si alguna fobia hemos podido sentir los españoles es el injusto rencor de algunos, que no todos, catalanes, plasmado en el nunca demostrado “España nos roba”.
El nuevo secretario general de UGT, José María Alvarez parece desconocer que un Sindicato no es un partido político que puede ser de izquierdas, de centro o de derechas, o incluso ultra lo que sea. Un Sindicato es un órgano de representación y defensa de los trabajadores, independientemente de la ideología de éstos y su función es la de colaborar a la convivencia entre el obrero y el patrono, no la de avivar el conflicto llegando incluso al cierre de la empresa para que se “chinche” el patrón cuando a la postre quien se “chincha” es el obrero que tiene que ir al paro. En el sindicalismo español hay mucho de folclore como lo demuestra la identificación de UGT con el PSOE, de CC.OO., con el Partido Comunista (fueron tiempos), C.I.G., con el BNG, etc., etc., y al final vemos como pierden afiliados a espuertas y se llega al convencimiento de que el sindicato casi no hace falta porque con unos representantes elegidos por la plantilla en cada empresa, se puede vivir, a no ser que uno sea liberado sindical, claro.
El Sr. Alvarez omitió en su político discurso toda referencia a un pasado de UGT enturbiado desde los tiempos de Nicolás Redondo con un enorme desfalco y consiguiente estafa a miles de obreros que adquirieron unos pisos que pagaron y después no pudieron disfrutar hasta que el Estado se hizo cargo nuevamente de su pago. Tampoco se refirió a los últimos tiempos en que este sindicato aparece implicado en un millonario asunto de cursos de formación nunca realizados y que el Sr. Méndez no consiguió explicar. Pues, Sr. Alvarez, un sindicato no es eso, no; es otra cosa.

MAL EMPIEZA LA NUEVA UGT