EL PROBLEMÁTICO USO DE LA PLAZA DE FEFIÑANS

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La monumental, hermosísima, histórico-artística y muchos calificativos positivos más, Plaza de Fefiñáns, admirada, pintada, cantada, filmada y elogiada por cuantos han tenido la suerte de conocerla, ha vuelto a ser objeto del deseo de polemizar o sobresalir por parte de quienes nos gobiernan en la actualidad, en el afán de implantar su gradual peatonalización, sin olvidar que desde la oposición uno de los grupos políticos que ahora ocupa tres asientos, proponía su peatonalización absoluta, aludiendo a su deterioro debido al paso de vehículos, sin tener en cuenta que el pavimento del que fue dotada en la reforma impuesta hace más de 50 años, es un encachado de piedra impropia de Galicia que se desmenuza con facilidad, aunque el paso de vehículos aumenta ese deterioro. Se alega para la peatonalización que saldría ganando la zona monumental y también la actividad comercial, especialmente de los establecimientos de hostelería, bazar y prendas de vestir y complementos. Parece ser que los industriales afectados se pronunciaron mayoritariamente en sentido de que siga abierta al tráfico rodado, y lo que es más significativo, en el gobierno municipal se produjo un pequeño seísmo cuando se anunció el cierre durante la Semana Santa porque la última palabra le correspondía al concejal Sr. Abal Varela por ser el que tiene otorgada esa competencia, entre otras, y que en aquellos días se encontraba en Madrid por razón de su cargo. Tras el enfado, lógico, de José Ramón, las aguas volvieron a sus cauces y se hizo la paz en el gobierno, lo que dice bien en favor de la capacidad de “entente” de los ediles, pero el competente en el tema sigue teniendo la mosca detrás de la oreja. Aún así procede decir que durante la semana y pico de obras que sí cerró la plaza, antes de la citada semana festiva, Fefiñáns fue la viva estampa de la inactividad, presentando un aspecto triste y desangelado, como anunciando lo que será si se peatonaliza. Cuando a los políticos cambadeses de hace cien o más años se les dio por derribar el arco que unía dependencias del Palacio de Fefiñans con el santuario de San Benito en previsión de evitar que supusiera un obstáculo para la futura circulación de camiones y autobuses, de los cuales casi no había aún ejemplares circulando entre la hoy denominada Avda. de Vilagarcía y la calle Real, es lo cierto que les quedó la cabeza aliviada por no pararse a pensar otra alternativa como pudiera ser la orillamar, pero eso es lo que nos dejaron y tan grande error no tiene enmienda. Así pues, este ciudadano opina, con igual derecho que los demás, y dice: Que en la Plaza de Fefiñáns se siga permitiendo el paso de vehículos de turismo, con estricta limitación de velocidad y los camiones, autocares y otros vehículos pesados sean derivados por la Avda. de A Coruña o la Avda. de O Salnés, y las mercancías para hostelería y comercio se transporten en las operativas carretillas mecánicas que se utilizan a tal fin en otros lugares.
La monumental, hermosísima, histórico-artística y muchos calificativos positivos más, Plaza de Fefiñáns, admirada, pintada, cantada, filmada y elogiada por cuantos han tenido la suerte de conocerla, ha vuelto a ser objeto del deseo de polemizar o sobresalir por parte de quienes nos gobiernan en la actualidad, en el afán de implantar su gradual peatonalización, sin olvidar que desde la oposición uno de los grupos políticos que ahora ocupa tres asientos, proponía su peatonalización absoluta, aludiendo a su deterioro debido al paso de vehículos, sin tener en cuenta que el pavimento del que fue dotada en la reforma impuesta hace más de 50 años, es un encachado de piedra impropia de Galicia que se desmenuza con facilidad, aunque el paso de vehículos aumenta ese deterioro. Se alega para la peatonalización que saldría ganando la zona monumental y también la actividad comercial, especialmente de los establecimientos de hostelería, bazar y prendas de vestir y complementos. Parece ser que los industriales afectados se pronunciaron mayoritariamente en sentido de que siga abierta al tráfico rodado, y lo que es más significativo, en el gobierno municipal se produjo un pequeño seísmo cuando se anunció el cierre durante la Semana Santa porque la última palabra le correspondía al concejal Sr. Abal Varela por ser el que tiene otorgada esa competencia, entre otras, y que en aquellos días se encontraba en Madrid por razón de su cargo. Tras el enfado, lógico, de José Ramón, las aguas volvieron a sus cauces y se hizo la paz en el gobierno, lo que dice bien en favor de la capacidad de “entente” de los ediles, pero el competente en el tema sigue teniendo la mosca detrás de la oreja. Aún así procede decir que durante la semana y pico de obras que sí cerró la plaza, antes de la citada semana festiva, Fefiñáns fue la viva estampa de la inactividad, presentando un aspecto triste y desangelado, como anunciando lo que será si se peatonaliza. Cuando a los políticos cambadeses de hace cien o más años se les dio por derribar el arco que unía dependencias del Palacio de Fefiñans con el santuario de San Benito en previsión de evitar que supusiera un obstáculo para la futura circulación de camiones y autobuses, de los cuales casi no había aún ejemplares circulando entre la hoy denominada Avda. de Vilagarcía y la calle Real, es lo cierto que les quedó la cabeza aliviada por no pararse a pensar otra alternativa como pudiera ser la orillamar, pero eso es lo que nos dejaron y tan grande error no tiene enmienda. Así pues, este ciudadano opina, con igual derecho que los demás, y dice: Que en la Plaza de Fefiñáns se siga permitiendo el paso de vehículos de turismo, con estricta limitación de velocidad y los camiones, autocares y otros vehículos pesados sean derivados por la Avda. de A Coruña o la Avda. de O Salnés, y las mercancías para hostelería y comercio se transporten en las operativas carretillas mecánicas que se utilizan a tal fin en otros lugares.
 

EL PROBLEMÁTICO USO DE LA PLAZA DE FEFIÑANS