Madrid, Madrid, Madrid

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Lo que pase en Madrid después del recuento electoral de este martes por la noche no se quedará en Madrid. Y pase lo que pase, será de obligada proyección nacional, porque así lo plantearon desde el principio los primeros actores de la lucha por el poder en la Comunidad de Madrid: Pedro Sánchez y Díaz Ayuso.


En el tramo final de la campaña, una vez comprobados los efectos contraproducentes del choque en los intereses de la candidatura socialista, Sánchez dio un paso atrás. Ya era tarde. Ayuso estaba feliz confrontando con el Gobierno central y no con el candidato Gabilondo, cuya honorable figura ha sido malversada consiguiendo, asimismo, a mi juicio, efectos contrarios a los perseguidos por los estrategas de Moncloa.


La resultante de lo antedicho es que Sánchez va a salir políticamente debilitado de estas elecciones. La fragilidad de sus alianzas parlamentarias se pondrá de manifiesto en los problemas del día después: un controvertido fin del estado de alarma, renovación del CGPJ, la cronificada inestabilidad de Cataluña, el ritmo de las vacunas y los confusos pormenores en torno a los fondos europeos de recuperación.


Todo eso va a ocurrir, salvo una muy improbable mayoría absoluta (69 diputados) en la suma de los escaños obtenidos por PSOE, Más Madrid y Podemos. Y ante la misma previsible aritmética electoral, que anuncia una segura victoria de Isabel Díaz Ayuso con casi segura mayoría absoluta (suma PP-Vox, se entiende), aunque por razones contrarias, el líder del PP, Pablo Casado, saldría legitimado para ser alternativa creíble a la Moncloa e impulsar la ansiada refundación del espacio de centro derecha a partir de las elecciones del 4 de mayo.


El factor sorpresa nos remite a dos inesperadas variantes. Una, mayoría del bloque de izquierdas. Otra, entrada de Ciudadanos en el reparto de escaños. La sorpresa sería mayúscula en el primer caso y minúscula en el segundo. Que acaben sumando 69 o más diputados los tres partidos de izquierda no está en ninguna de las previsiones, vengan de donde vengan (Tezanos con ser Tezanos solo anuncia empate técnico entre bloques).


En cuanto al posible acceso de Cs a la asamblea regional, lo que exige como condición previa alcanzar el umbral de al menos el 5 % de los votos, tendría un efecto profiláctico sobre la salud del sistema porque taponaría el eventual acceso de la ultraderecha al poder en el gobierno de la Puerta del Sol. Servidor no lo descarta. Los sondeos hablan de una importante bolsa de desalentados votantes de Cs (más de 629.000 en mayo de 2019) que engordan la legión de los indecisos. Una reacción tardía de los mismos, por pura sed de centralidad en un país descentrado, sería suficiente para compensar el meritorio esfuerzo de Edmundo Bal por vender sensatez en un escenario envilecido por la polarización.  

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