Impuestos

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Desde hace algún tiempo no se hace más que, hablar de esta mal sonante palabra para mucha gente, a nadie le gusta que le suban los impuestos, más bien que, los bajen, ahí el sonido es alegría, por poco que suene, siempre es más reconfortable cuando se pronuncia, hay bajada de impuestos. Los impuestos en España, parece cuestión baladí, para todos los gobiernos que han pasado en los últimos años, como sí fuese la panacea de nuestros males y remedios. No lo es, simplemente cuando hay subida de impuestos generales y empresariales, los paga siempre el consumidor, el sufrido y mal tratado ciudadano, que ve, como: Sé repercute en su factura ó recibo la parte proporcional del impuesto al que se somete a tal o cual compañía, ya sea eléctrica, de servicios o petroleras, da lo mismo sea comercial, distribuidora o fabricante.


Todo el gravamen impositivo recae al final en el ciudadano, de su bolsillo saldrá el pago del mismo que el gobierno a bombo y platillo anunció que impondrá un impuesto a las eléctricas, bebidas azucaradas etc. Esto es así, la empresa no asume el impuesto lo endosa al ciudadano consumidor, una cosa es subir impuestos, debido a una escasa recaudación que compense de alguna manera los gastos y otra mantener esos gastos e incrementarlos, sin saber de donde va a salir el dinero preciso para hacer frente, la riqueza no sé reparte se invierte y cuando hay excesivo gasto público, la subida de impuestos es contraproducente debido a que, contrae la demanda de servicios y bienes de consumo.


Lo normal en cualquier gabinete que se tilde de progresista, no está en incrementar el gasto público o mantenerlo sine día, es atacar las fuentes de ese gasto y equilibrar de algún modo las cuentas de Estado, reduciendo el gasto superfluo allí donde se da y evitar la doble imposición y gasto, con haciendas públicas del gobierno y de las regiones, suprimir departamentos ministeriales o autonómicos carentes de sentido y faltos de actividad, llevar a cabo una reestructuración administrativa del Estado en su conjunto para reducir el inmenso gasto público que genera, así como las múltiples gabelas de la que disfrutan los políticos en el ejercicio de sus funciones y cometidos


Sin tomar medidas sobre el pasivo existente, lo que se hace es subir la deuda pública a cifras escandalosas, como a las que, se han llegado de 1,4 billones de euros, el 125% de nuestro PIB. A este paso y en el momento que se incremente los intereses, la deuda española, puede estallar en las manos del gobierno de turno.

De modo que incrementar los impuestos no es la solución, esta va por otro camino más tortuoso, reducir drásticamente el gasto público, más beneficioso para la economía, las inversiones y el desarrollo económico, al no resentirse esta y favorecer el consumo de más bienes y servicios, lo que redunda en una mayor creación de empleo, esto nos beneficia a todos y aumenta la recaudación fiscal.

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