miércoles 18.09.2019

Un georradar inspeccionará Cálago en busca de restos antes de fin de año

El yacimiento de Cálago en Vilanova de Arousa será barrido antes de final de año por un equipo de georradar, con el objetivo de detectar en el subsuelo estructuras o construcciones antiguas en las que centrar las actuaciones de la próxima excavación arqueológica, prevista en 2018.

Las catas realizadas en septiembre mostraron restos del poblado castreño y de cerámicas | gonzalo salgado
Las catas realizadas en septiembre mostraron restos del poblado castreño y de cerámicas | gonzalo salgado

El yacimiento de Cálago en Vilanova de Arousa será barrido antes de final de año por un equipo de georradar, con el objetivo de detectar en el subsuelo estructuras o construcciones antiguas en las que centrar las actuaciones de la próxima excavación arqueológica, prevista en 2018.
Así lo anunció este fin de semana el alcalde, Gonzalo Durán, tras conocer la intención de la Xunta de conceder la actuación en “quince días o un mes”, en todo caso dentro de esta anualidad, agilizando así el compromiso autonómico de la Consellería de Cultura surgido a raíz de la última intervención en el entorno, el pasado mes de septiembre.
El regidor explicó que esta exploración con georradar permitirá peinar una gran área del yacimiento, detectando todas las estructuras que pueden permanecer aún ocultas. En función de los resultados, se configurará la próxima actuación de prospecciones, actuando y excavando aquellos lugares donde el equipo tecnológico haya detectado estructuras de mayor interés.
Uno de los principales objetivos en estas labores es la búsqueda de algún resto del histórico monasterio, del que no han aparecido indicios en la última intervención, pero del que abunda documentación histórica desde hace más de mil años.
Varios yacimientos
Cálago es, en realidad, un compendio de varios yacimientos, ya que se solapan en el entorno construcciones de diferentes épocas. Las catas arqueológicas realizadas a final del verano confirmaron la existencia de un poblado castreño, con una gran terraza, datado en varias épocas históricas, entre los siglos IV antes de Cristo y el I de nuestra Era.
Justamente, en la parte más moderna del castro, en la terraza, se encontraron elementos que prueban el proceso de romanización, como tejas y cerámica típica.
Del monasterio hay constancia histórica de su fundación por San Fructuoso en el silo VII y el edificio está referenciado en un buen número de episodios históricos posteriores. Eso sí, de momento no han aparecido indicios claros que permitan su ubicación a los investigadores, aunque algunos restos de tejas posiblemente medievales en los muros del cementerio han abierto una vía de búsqueda en el entorno, también donde siglos más tarde se erigiría la iglesia, ya desaparecida. l

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