Fernando Jáuregui

Un gallego un tanto ‘macroniano’

El galo y el gallego comparten el ser el penúltimo baluarte frente al avance de una ultraderecha con la que, sin embargo, no tienen otro remedio que convivir, un afán por situarse en el centrismo integrador y una personalidad que se sitúa algo al margen de los convencionalismos familiares y sociales.Claro que hay una distancia entre el galo y el gallego.

Esto de hoy no me lo pierdo

Pero ni Díaz Ayuso ni Alberto Núñez Feijoo, que parecen los ejes del futuro a corto plazo en la oposición, son diputados, lo que agrava otra carencia de la política española: casi nada de lo importante ocurre en el Parlamento, de lo que en parte tiene la culpa la presidencia ejercida por la señora Batet.Mucha gente se pregunta dónde, en qué gabinete, en cuál covacha, está la mano que mece la cuna de todo este proceso que ha barrido al PP que conocíamos y, por tanto, a la mitad de la política española.

Tenemos que acostumbrarnos al pacto con Vox, sí, pero...

Personalmente, no puedo resistirme a dejar aquí por escrito que no es la solución que más me gusta: para este viaje, maldita la falta que hacían las alforjas del señor Mañueco anticipando elecciones y poniendo fin a su entente con Ciudadanos, que, será si usted quiere, Guatemala, para ir a parar a Vox, que es Guatepeor.Comprendo, pues, las reticencias de Fernández Mañueco para aceptar, de buenas a primeras, el trágala que Vox le exige: nada menos que una vicepresidencia del Gobierno autonómico y quizá cuatro consejerías, petición que no está mal para una formación que dice no creer en las autonomías.Pero sospecho que el PP, aunque vaya diciendo por ahí que incluso explorará un acuerdo con los socialistas, no tendrá más remedio que acabar transando algo con la formación de Abascal, que ojalá, en contacto con el PP, acabe moderando algo sus poco refinadas maneras: me hirió profundamente que, en su eufórico discurso en la noche electoral, el líder de la candidatura ‘voxística’, Juan García Gallardo --ese chico se tiene que curtir un poco--, se despachase hablando de los ‘lacayos’ periodistas y otras lindezas admisibles solamente en una democracia administrada por alguien como Trump, pero no en una coalición en la que el PP de los moderados y educadísimos Pablo Casado y Mañueco tendría tanto que ver.En esta castellano y leonesa ahora, quizá en otras en el futuro.

Pasar página de los mítines con vacas y ovejas

Que este 14 de febrero debería ser el día en el que, libres de la necesidad de darse caña en los mítines, los principales responsables políticos nacionales inaugurasen una nueva era.

España, una gran quiniela: ¿quién se la juega más?

Yo diría que quien más se la juega en estas elecciones es, por un lado, Ciudadanos, que debería refundarse ya desde el lunes, y la formación creada por el ya políticamente jubilado Pablo Iglesias y de la que hasta la vicepresidenta Yolanda Díaz huye.

Por qué Castilla y León es distinta de Noruega, por ejemplo

A ver quién se pone a bailar aquí, y encima siendo periodista, con quien yo me sé.No: España es, obviamente, peor democracia por un montón de razones que no voy a entrar a enumerar aquí por cuestiones de espacio y que van mucho más allá de la no renovación del gobierno de los jueces, que es lo que nos achacan los del ‘Economist’ para rebajarnos en el ‘ranking’ a un nivel inmediatamente por debajo de Francia y por encima de nuestro admirado Portugal y de nuestros hermanos italianos.

Tamayazo-landia

Claro que entre los dos ‘grandes’ y el tercero en discordia, que a lo que parece consume sus últimos momentos de influencia política, se lo están poniendo fácil a los extremistas, a los del ‘cuanto peor, mejor’, a quienes se acercan al poder para destruir el ‘statu quo’, y es obvio que ahora no estoy hablando de Vox, o no solo, al menos.Tiemblo pensando en que no se racionalice, en esta búsqueda de poder por el poder, la recta final de la campaña electoral castellanoleonesa, que concluye este viernes en medio de un notable desorden, pesimismo, escasa altura y falta de ética, y hasta de estética, en los mensajes.

La polémica de las tetas

si tengo que decirle la verdad, mi tentación ante el vértigo del folio vacío, estaba en escribir algo sobre ese festival en el que se ha seleccionado, muy polémicamente por cierto, a nuestra representante en el festival de Eurovisión, que es un concurso decadente en que, eso sí, participan las televisiones europeas y le conceden un auge que quizá, por su generalmente ramplona calidad, no merecería.En fin, críticos especializados y hagiógrafos varios tiene la cosa como para inmiscuirme yo, lego por voluntad y elección, en si la canción de la señora esa es buena, mala o regular.

El gran dislate (otro más)

Si el ‘Gobierno Frankenstein’ se desarbola por una ley que, en el fondo, viene a cambiar algo para que todo siga igual, ya me dirá usted cuando lleguemos de verdad a las cosas de comer, como la fiscalización del reparto de los fondos europeos o plantarle cara en serio al sátrapa Putin.

Gento y los Gentos de ochenta

Ahora que la enseñanza de la Historia se ha convertido en una asignatura menor, creo que conviene reflexionar sobre cuánto le debemos a ese pasado que los más jóvenes desprecian, porque lo ignoran.Confieso que hoy me lanzo a escribir estas líneas con la tristeza de acabarme de enterar de la muerte, a los ochenta y ocho, de Paco Gento, un enorme futbolista que jamás hubiese cedido a la tentación de convertirse en una de esas ‘estrellonas’ inasequibles que, como el tenista que usted y yo sabemos, se saltan, por soberbia y prepotencia, reglas y cánones perfectamente lógicos.Como Gento, paisano admirado, a quien seguí antaño en no pocos partidos, el país está lleno de octogenarios, gentes de mérito, unos conocidos y en plena actividad –cómo olvidar a José Luis Gómez, al padre Angel, Marcelino Oreja, Mario Vargas Llosa, Antonio López, Concha Velasco, Miquel Roca y tantos más–, otros retirados, disfrutando al máximo posible de los años de vida que les resten, en medio de las incertidumbres y lamentos que sobre todas nuestras cabezas arroja la pandemia.Debemos, en todo caso, un homenaje a estos mayores que consumieron sus vidas para que nosotros pudiésemos disfrutar de otra algo más desahogada, mejor.

Cuando las vacas van de mítin

O sea, traducido a escala nacional, que Pablo Casado intenta cerrar filas con la unidad de los ‘populares’ y Pedro Sánchez prepara el Falcon para recorrer tierras castellanas --mañana o pasado serán andaluzas-- antes de que lo haga Yolanda Díaz, que poco a poco se convierte en un educado, pero contundente, rival interno.Cuando las vacas van de mitin es que algo está modificándose sustancialmente en los usos y costumbres de la política.

Los Reyes Magos de Casado confinado

Hasta ahora, Pedro Sánchez golea en los mensajes en positivo frente a los reñidores que hacen oposición de lo mínimo, sin entrar a combatir en los boquetes que se abren, desde la apropiación del Estado, la opacidad y el afán por mantenerse en el poder, en el barco de nuestra democracia.Deseo lo mejor para Pablo Casado y que acierte, porque obvio es que el país precisa de una alternativa moderada y dialogante.

Periodismo irresponsable

Pero, a la vez, me quema la sensación de que, a veces, estamos haciendo un periodismo algo irresponsable.

Cómo pueden ellos hacer que 2022 sea de verdad feliz

Por lo mismo, no he entendido, si no es en clave puramente partidaria, el anticipo de las elecciones autonómicas en Castilla y León ni entendería la razón -ya digo, más allá del partidismo más egocéntrico_por la que se pudiese hacer lo mismo en Andalucía.Mis peticiones para 2022 pasan por el deseo de que haya pactos transversales en esos al menos diez grandes temas que precisa de acuerdos de Estado entre el PSOE y el PP, desde la renovación del poder judicial hasta la reforma de algunos aspectos de la Constitución para, por ejemplo, fortalecer el papel de la Corona.

Balances que no cuadran

Que no se haya celebrado ese debate en siete años es una anomalía democrática, pero lo es aún mayor el que desde hace año y medio el presidente del Gobierno y el líder de la oposición no hayan tenido ocasión de hablar a solas sobre los muchos temas pendientes de acuerdos de Estado.Nadie ha hecho una enumeración de cuáles son esas graves cuestiones pendientes de que ambos las aborden con voluntad de arreglarlas, pero me temo que ni siqueira coincidirían socialistas y ‘populares’ en toda la lista.A mi modo de ver, son precisos estos pactos: sanitario, de educación, de Justicia –incluyendo la designación del fiscal general del Estado, además de la renovación del gobierno de los jueces–, territorial –el líder de la oposición debería participar en las conferencias de presidentes autonómicos–, sobre las negociaciones con el Govern catalán, sobre la España vaciada.Y, aún más importantes, un acuerdo sobre la distribución de los fondos europeos, sobre la elaboración de una Ley de la Corona y sobre una cierta reforma constitucional que modernice en algunos aspectos clave nuestra ley fundamental y haga que pueda cumplirse en algunos aspectos hoy prácticamente imposibles de cumplir.

El ‘mensaje de las mascarillas’ del Rey

En la noche más mágica del año tiene una oportunidad de conectar con esos millones de personas que, ajenas a los plácemes por anticipado y a las descalificaciones derivadas del apriorismo político, anhelan escuchar y recibir su mensaje.Este año que se nos va no ha sido, ciertamente, un año más: hemos visto y sentido cosas que jamás antes habían ocurrido, y supongo que tales cosas quedarán plasmadas, desde el asalto al Capitolio y la marcha de Trump hasta la nevada del siglo, en los resúmenes periodísticos del año.

Juan Carlos, vuelve a casa por Navidad

Pero JCI es todo un símbolo de nuestro pasado por conquistar y consolidar la democracia, y eso también tiene un valor a la hora de equilibrar balanzas.España no puede ser un país siempre a golpes con su inmediato pasado, y con ello me refiero tanto a los millones desviados del entorno de Don Juan Carlos como a los residuos de mala praxis en la política, de los que fue buena muestra la comparecencia este lunes de Mariano Rajoy en la comisión de investigación parlamentaria sobre el ‘caso Kitchen’, que es como decir también en otros casos en los que el Partido Popular está involucrado.

Perdamos toda esperanza: solo nos queda la Navidad

Quería conocer qué se dijo en los corrillos en los que no llegué a estar (hubo demasiados como para atenderlos a todos) y cuáles eran las reacciones de los distintos medios de comunicación al analizar discursos, miradas, silencios y ausencias.Que el presidente del Gobierno y el líder de la oposición se acusen mutuamente, ante los micrófonos al aire libre, de incumplir la ley fundamental resulta, cuando menos, tan deprimente como las ausencias de una parte de los representantes de los ciudadanos.

Años hablando de reforma y ya ve...

Otra muestra más de la miopía existente en la llamada clase política de nuestro país, que no acaba de enterarse, parece, de que hemos entrado en una nueva era y que cuarenta y tres años, en los que el mundo ha dado la vuelta como un calcetín, son más que suficientes para pensar en modificar algo para que no nos cambien, los huracanados vientos que a veces soplan en nuestros cogotes, todo.

Él no estará en el aniversario de la Constitución

El monarca, que es sin duda un rey impecable, participó, por activa o por pasiva, en aquella errónea decisión que sigue lastrando la plena normalidad política, como si no hubiese ya otros temas que la lastran: ahí está, sin ir más lejos, ese otro triste tercer aniversario, cumplido el 3 de este mes, que nos recuerda que el gobierno de los jueces lleva tres años sin renovar, quizá inconstitucionalmente.Es bueno celebrar, aunque sea con todas las restricciones y cautelas dictadas por la pandemia maldita, que nuestra ley fundamental lleve cuarenta y tres años vigente, aunque, como dije, necesita retoques que la vigoricen y actualicen en no pocos aspectos, algo siempre difícil en un país, el nuestro, en el que la falta de entendimiento y consenso entre las fuerzas políticas nacionales es ya un signo lamentablemente distintivo.

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